¿Para qué nos vestimos?

Parece tan natural cubrir el cuerpo que casi nadie se hace la pregunta. En el pasado, muchos seres humanos andaban desnudos, incluso en condiciones climáticas adversas. Pueblos indígenas, como los onas, vivían desnudos en la fría Patagonia, en el sur de Sudamérica. No nos vestimos, pues, para protegernos del clima. Los griegos de la época clásica disfrutaban de la desnudez. Los atletas en los juegos olímpicos competían sin ropa.

Una respuesta posible es que nos vestimos por pudor. Sin embargo, esto es muy variable según la cultura y la época. Lo que para algunos se debe ocultar, para otros se debe mostrar. Lo que se consideraba hace unos años indecente, hoy no lo es.

Parece que comenzamos a vestirnos para diferenciarnos de los demás y porque buscamos adornar el cuerpo. Hay una necesidad de hacerse observable y de distinguirse como individuo dentro de la jerarquía social. De ahí que se tienda a juzgar a una persona según cómo viste. A veces, es útil tenerlo en cuenta cuando alguna persona te infunda temor e inseguridad porque se viste como autoridad. Visualízalo con ropa vieja arreglando el jardín y descubrirás que, después de todo, es un ser humano con sus fortalezas y debilidades como tú.

Susana Saulquin, socióloga de la moda, dice que la actitud natural del hombre es andar desnudo, pero adornado. Antropológicamente, el adorno es superior al vestido. “Uno se viste para los demás. Cuando uno se mira al espejo lo único que hace es anticipar la mirada del otro. Si uno se vistiera para sí mismo, andaría desnudo como en una isla”.

¿Por qué te vistes? ¿Piensas que tu vestimenta se relaciona con tu posición y tu manera de ser? ¿O te vistes para proyectar lo que realmente no eres? Por muy elegante que lo consideremos, la ropa es un adorno y es algo externo al ser.


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